martes, 5 de enero de 2010

El Cine Venezolano del 2009

2009 dejó ver en pantalla siete largometrajes venezolanosVenezuela en pantallaDe entrada, 2009 no fue un mal año para el cine venezolano porque se estrenaron siete largometrajes de ficción que avivaron la presencia de una cinematografía más que irregular desde los años noventa, en cuanto a número se refiere.En taquilla, el asunto, sin embargo, no fue tan afortunado. El público coqueteó con las historias locales, pero no se entregó por completo. Por el contrario, estuvo lejos del impacto de otros años. ¿Asunto de oferta nacional que coincidía de pleno en pantallas? Tal vez. ¿Un tema de historias? Quizás. ¿O bien fallos en la promoción? Seguramente.Venezzia, retrato ambientando en la Segunda Guerra Mundial, ópera prima de Haik Gazarian, fue la más vista -casi por cien mil espectadores-, y en mucho -hay que subrayar-, su cartel, pesó en ello. Ruddy Rodríguez (quien debería prodigarse más en cine aunque con guiones más contundentes) y Alfonso Herrera formaron una buena dupla para seducir al público; aunque en pantalla no lucieran también uno junto al otro.La anécdota de Venezzia subraya una cualidad del cine venezolano que se vio en 2009. Este cine fue ante todo diverso. Mucha de esa diversidad quedó en evidencia en el Festival del Cine Venezolano en Mérida. En este certamen nacional convergieron propuestas profesionales con apuestas amateurs que también mostraron un acceso diferente al cine y por sobre todo el deseo de contar.Un lujar lejano de José Ramón Novoa trajo de vuelta al realizador más intimista, tras su mirada a la violencia en su obra más conocida. Relato de nuevos inicios, guarda uno de los mejores finales en la historia del cine venezolano reciente. Una mirada poética y mística a la vez que sube el tono del film.Alejandra Szeplaki debutó en los linderos del largometraje con Día naranja, una historia de mujeres que si bien fallaba en el guión por su redundancia, mostró el universo visual y de referencias (sonoras incluidas) de una directora que seguro dará mucho más en el fu- turo.Otra debutante fue Efterpi Charalambidis con su film Libertador Morales. El justiciero. Este vengador a medio camino entre un personaje de cómic y Robin Hood no es un personaje al voleo, al contrario. Pero el guión que le arropa no alcanza a darle la profundidad que requiere y merece.Vinotinto, la película, dirigida por Miguel New, exploró desde el documental el fenómeno de una pasión al igual que Swing con son de Rafael Marciano, que hizo lo propio con el baile y la música desde la figura de Billo Frómeta.Zamora fue la aproximación al cine histórico de Román Chalbaud, un género que no parece haber calzado en la personalidad del gran cineasta venezolano.Cine romántico, cine femenino, histórico, musical, de tono literario y también documental estuvo en las pantallas nacionales. Un cine que mostró nuevos tenores, pero que aún no alcanza la madurez suficiente como para conquistar a su público. Una madurez que habla no de la calidad de las historias sino del desarrollo de las mismas. Al cine venezolano una vez más le ha faltado moderar sus guiones, ajustarlos y medirlos para que sus películas sean redondas.

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